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lunes, 11 de mayo de 2015

Esperando el parto

La inspiración se te agota, buen poeta,
cuando el cerebro se te empieza a disminuir
como el de las embarazadas.
Es mi tiempo de decadencia,
no me acuerdo si lo presenté ante notario o no,
pero ha sido una caída sin retroceso,
en picado y a lo loco.
Noto que mis neuronas están exiliándose
por la circunspección de mi impasibilidad
y mi falta de motivación por lo adusto del mundo.
Puedo reírme a carcajadas de lo absurdo.
Sí, eso sí lo he aprendido a gesticular muy bien.
Me río a cada instante, es todo tan absurdo,
tan poco racional: hay tanta incoherencia que
tendríamos que solicitar a miles de cohesiones.
Tanto textual como oral casi todo es ilógico
y se encuentran miles de oxímoron.
Lo más gracioso es que al final acabas
aferrándote en el absurdo, en esta maldita
soledad individualista que nos aísla,
y que nos está deshumanizando
y que fabrica, diariamente,
robots llamados personas.
Solo espero esperanzadamente
que la disminución de mi cerebro
sea por causa de embarazo
y logre, al fin, engendrar.


1 comentario:

JD dijo...

Es evidente que la inspiración no se te ha acabado, prueba de ello es este mismo poema.
Vivimos una decadencia, sobre todo intelectual, el humor suele ser absurdo y yo siempre he preferido el humor inteligente, no me refiero a ese humor que te hace pensar, sino al humor que le gusta a los inteligentes, ese que surgía de una sonrisa de un ser querido.
Te ríes a carcajadas de lo absurdo, pero tienes momentos de euforia, toda historia debe tener cuestas ascendentes y descendentes para sentir ese momento con intensidad.
La soledad no siempre es absurda, lo absurdo es querer soledad existiendo personas que merecen la pena cerca de ti. También es absurdo tratar de paliar la soledad hablando con personas a las que ese balance de merecer la pena les sale negativo, las tecnologías actuales impiden siempre la cercanía, tal como la de una carta manuscrita, pero pueden darte momentos de alegría porque gracias a ellas apreciamos la parte fundamental de un mensaje: las palabras, las herramientas que más hondo alcanzan al corazón.
Ya has engendrado, tienes muchos hijos, unos más buenos y otros más malos, unos más traviesos y otros más serenos. Tus hijos son tus poemas, te podrás sentir orgullosa con cada poema al que le hayas puesto el suficiente empeño como para dotarlo del don de la perdurabilidad.
Sin más dilación, concluyo con:
Vive tu euforia y empéñate en elaborar buena poesía, no soy el único que confía en que puedes hacer ambas cosas.