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lunes, 26 de octubre de 2015

Yo

En las aberturas de mi infancia
merodeo frecuentemente
como si un regreso al pasado
fuese el mejor futuro que espero.

Todavía oigo los pájaros trinar
en cielos escampados 
y de azul brillante
y observo con ojos de búho 
a los aviones de noche,
tan nítidos, tan cristalinos;
y a las estrellas como si fuera
una presocrática romántica
alucinada de tal mundo que habito.

También huelo las malvas flores,
los gladiadores gladiolos
cultivados por mi padre a la 
intemperie y los claveles
que rezuman rojo cortante 
y que se encuentran tan lejos
de lo que un día fui.

Y en mi boca indigesta
de alimentos me consumo
mientras que en mi lengua
fabrico palabras.
Pues se me olvida comer
cuando me pongo a reflexionar
sobre los milagros de la vida.

Soy creyente de mi contexto,
atea de cualquier religión.
Vivo mi realidad y la de muchos.
Siento las injusticias,
siento un dolor profundo,
siento que siento distinto,
siento que debo materializar esto,
siento todo lo que he causado
y todo lo que causaré en mi existencia.
Siento que me fundiré con el aire
alguna vez y que desapareceré incorpórea 
en otra imaginación diferente.
Siento que canto epopeya,
planto y comedia.
Siento que mi alma es atemporal.
Siento que siempre seré niña.
Siento que reiré aunque llore
y lloraré aunque ría y confieso
que siempre me fascinaré
por lo primario que hace 
funcionar a este planeta.
Siento no haber podido 
entrevistar a los dinosaurios.
Siento que mi yo es solo
una mera construcción,
siento que mi yo es una 
invención literaria de mí 
misma que seguiré relatando
como un cuento trágico de hadas.